Hay personas que transcurren la vida, sin dejar huella, sin generar la brisa que pueda apenas mover una hoja, sin tocar o tocando pero sin dejar la sensación de haber tocado. No es el caso de Ana. En el tiempo que compartimos, intenso y profundo, me fui dando cuenta que es alguien que disfruta del aprendizaje, que se entusiasma con su presente y su futuro y lo contagia, llena de preguntas que van abriendo puertas y ventanitas en los demás…. Es alguien que ha permitido fluir sus talentos y virtudes, su valor y su coraje, y que sabe mostrar a los demás cómo hacer lo mismo. Con ella pudimos desaprender muchas cosas aprendidas y abrirnos con confianza hacia lo nuevo. Espada (amorosidad) en mano, me ayudó a vencer a mis enemigos del aprendizaje. Me enseñó a hacerme responsable, a accionar, a responder con desafíos, a corregir errores y a aprender.
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